
Barbarita 3.0
Por Juan Diego Flórez Quintero
“Oiga imagínese que...” o “venga para acá le cuento…” son las frases iniciales de una historia intrigante, que es del prójimo, que le encanta al cuerpo y satisface la envidia o el orgullo. No digo que sea malo o bueno, todos y todas lo hacemos y nos interesamos en la vida de los demás con cierto grado de prudencia porque somos seres sociales.
La cuestión, como dice mi nona, es que los escándalos no llevan a nada bueno y más cuando no tienen un carácter político que implique la reivindicación de los derechos que poseemos los seres vivos, porque sí, los animales, los campos y la vegetación también tienen derechos.
Con las redes sociales digitales y las apps, se creó una estrecha y delicada línea entre lo público y lo privado que varios de los académicos de la comunicación, la sociología y las ciencias sociales buscan identificar. Dentro del campo, se hace la idealización de un concepto que muchos entienden desde diferentes perspectivas, la opinión pública. Eso que se habla en las tiendas y en las esquinas, eso que se encuentra dentro de la agenda informativa, lo que es actual, mencionan algunos y algunas, pero no, yo les quiero compartir un concepto más unificado, congruente, y así lo quiero ejemplificar en el caso ‘actual’ sobre la gerente del Hospital Regional García Rovira y 3a familia de una de las personas con casos confirmados de Covid-19 en Málaga, la tierra en que nací, me crie y forje grandes lazos de amistad.
Entre el 24 y el 26 de abril se confirmó el cuarto caso de Covid-19 en Santander procedente del municipio de Guaca, a tres horas de Málaga. Al escuchar Latina Stereo, emisora local, me di cuenta que el tratamiento informativo que realizaban los locutores era fatal, en plena entrevista en vivo le preguntaban a la fuente: “Venga, pero dígame aquí entre nosotros qué fue lo que pasó, cuéntenos…” abordándola sin ética, sin responsabilidad social, generando pánico y desconcierto en su audiencia.
En ese mismo momento, salió a la luz uno de los escándalos que acompañan la reputación de la gerente del Hospital Regional García Rovira, Olga Jazmín Prada, pues viajaron varios de los gerentes de centros de salud de la provincia a un encuentro en Puerto Vallarta, México, a inicios de la cuarentena preventiva en Colombia, hecho confirmado a través de fotografías subidas a sus cuentas personales de Facebook.
En este primer momento, lo público y privado rompió su brecha, ya que a manera voluntaria sus vidas dejaron de ser íntimas, para volcarse en el protagonismo mediático y político de la región entre la crisis sanitaria.
Para Juan Ramos, profesor y director del doctorado en Comunicación de la Pontificia Universidad Javeriana, la opinión pública es un proceso de negociación, pues nuestros problemas privados rebasan una línea que se integra en el ámbito de los problemas públicos y nos involucran a todos. Además afectan a quienes tienen el poder, que en este caso son quienes nos representan. Ahora bien, estas personas utilizan herramientas de manipulación y sugestión para obtener ese poder que les cedemos, convenciendo a base de emociones y no razones.
Desde ese 25 de abril comenzaron los problemas y las denuncias públicas que fueron motivadas por el miedo, el
pánico y la desinformación. Una de ellas fue la cadena de whatsapp que escuché sobre alcaldes que rompían la cuarentena por ir a tomar con sus amigos en municipios como el Cerrito. Que quién dijo eso, que quién envío esa nota de voz, no se sabe y tampoco interesa, lo que importa es el contenido, y claro, el chisme.
El 27 de junio se filtró una nota de voz en la que dice confirmarse el tercer caso de Covid-19 en Málaga. A través de un mensaje emotivo, Prada, gerente del hospital, envió un saludo y notificó a los colaboradores de esta entidad el caso intrahospitalario.
Ahora bien, no busco juzgar el contenido de la nota de voz, pero sí la forma en que se distribuyó la información, pues pregúntese ¿fue responsable de su parte haberlo hecho por un medio informal? ¿Tuvo en cuenta el carácter viral de la mensajería instantánea?
Hoy no nos informamos a través de los medios de comunicación, que realizan un tratamiento informativo de los contenidos para que las personas puedan tomar las decisiones públicas. En la actualidad, la legitimidad de los medios se ha perdido y las maneras de informarse actuales por medio de las redes sociales emergen como formas democráticas de derechos de información pública, pero esas informaciones son orientadas y enfocadas hacia un lineamiento político o un interés particular, lo cual afecta el sistema informativo, desestabilizando a la ciudadanía e influyendo en la opinión pública.
Prada ya era objetivo de los medios de comunicación y la ciudadanía, así que cada paso y decisión que tomara afectaría no sólo su vida, sino la de los usuarios y pacientes del Hospital Regional, por lo tanto, se fue negando su intimidad, y motivando a los ciudadanos a procesos de movilización como el realizado el dos de julio, cuando no pudo ingresar a realizar sus labores administrativas debido a una manifestación de carácter político en la portería del Hospital Regional.
La opinión pública es el poder del pueblo, esa legitimidad que les damos los ciudadanos a los líderes para que nos representen. Pero ser un líder de opinión requiere de un consenso amplio, masivo y contestatario, pues una de sus características es la confianza que deposita en los ciudadanos que le siguen.
La última novedad en Málaga es la tutela que publicó Erika Caicedo, en la que busca demostrar el mal manejo que ha tenido la administración municipal, las organizaciones de apoyo, su EPS y el Hospital Regional García Rovira, gerenciado por Prada, acerca de la crisis sanitaria. El 4 de julio fue compartido por redes sociales digitales el documento en el que Caicedo, deja atrás su intimidad, para visibilizar ante todos y todas sus actos más íntimos y familiares, sus dolencias, sus peticiones y reivindicación de sus derechos, ya que una de sus hijas dio positivo para Covid-19.
Al dejar atrás su vida privada y privilegiar el flujo informativo de las redes sociales para conocer su caso, Caicedo cayó no sólo en el campo de los datos y algoritmos, sino también en la opinión pública, ya que su coraje se encuentra relacionado con el caso anterior, desde la otra perspectiva, la del paciente y doliente.
Como usuarios de internet nos queda tratar estos hechos con responsabilidad aportando al debate a través de las plataformas con las que contamos para mostrar estas irregularidades y ayudar a quien lo necesita con el fin de vivir en comunidad. Caicedo y su familia ahora serán protagonistas de la agenda informativa, de los medios y la política, si apoyamos y aportamos en la visibilización de su realidad, para frenar esa brecha social y de clase que mantiene a quienes tienen poder en las nubes y a quienes no en las calles. Recordemos siempre, que el cuidado con los contenidos en la web va más allá de ver cuántos likes tiene una publicación, sino quién lo escribió, quién lo compartió, por qué lo hizo y cuál fue su interés.