Extraño mucho.

Actualizado: 3 feb 2022
Pelusa siempre estuvo en nuestras vidas y es momento de compartirlo.

Últimamente he decidido comprometerme conmigo mismo y con otras personas a apoyarlas con sus sueños y a mejorar cada día con sus empresas. Una frase tan simple pero que a la vez tiene un trasfondo gigante.
Comprometerse implica perderse por un tiempo y sumirse en lo que se hace, con esfuerzo y amor. No por dinero. Algo que he aprendido últimamente es que trabajar por la confianza depositada en uno, vale la pena. Tanto, que caminar sobre cargado de luces, trípodes y cartulinas por medio de mi pueblo me hace feliz,. Orgulloso de hacer algo que amo.
Implicarse también es sinónimo de aprender a disfrutar, porque uno no es esclavo del trabajo. Hay que tomarse sus politas y sus cocteles, en mi caso, favoritos. También debemos salir con amigos, comer rico y pasear. No es darse gusticos, es saber vivir.
Y vivir para mí no es existir. Hace dos semanas falleció la perrita de la casa, pelusa. Nos dejó tanto de enseñanza desde hace 16 años que hasta el sol de hoy es un ser que marcó nuestra vida y con mayor énfasis la de mi mamá.
Pelusa nos enseñó la delgada línea entre la vejez, la vida, la muerte y el sacrificio. Fueron meses que tuvo que vivir mi mamá cuidándola de las enfermedades, en los que discutíamos sobre el por qué no es bueno verla sufrir y es mejor el sacrificio.
Pero mi madre nunca quiso tomar esa decisión, porque a los dos o tres días, Pelusa estaba como nueva "relativamente bien en su vejez". Sin embargo, para mí, eso no era vivir. La existencia termina siendo la nada, un cúmulo de quereres que no cesan porque simplemente el cuerpo no puede crear experiencias de satisfacción. Solo dolor y más dolor.
¡Cuántas veces Pelusa estuvo aislada simplemente porque sufría! ¡Pero cuántas veces Pelusa renació de sus cenizas e intentaba vivir!
Nuestra existencia puede ser muy larga, pero nuestra vida y cómo la decidimos vivir es corta o extensa. Sólo depende de nosotros mismos.


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